Acabo de llegar de otra de esas clases de Yoga que marcan un antes y un después. Nos pasamos más de la mitad del tiempo filosofando, pero estuvo bien aprovechado. Igual es por la energía que se crea en estas clases, pero los temas que surgen muchas veces son exactamente lo que necesito en ese momento.
En un momento dado, explicando porqué a veces nos sentimos tensos y notamos esa tensión en el cuerpo, yo dije: “En mi caso me pasa cuando me acelero que me pongo en tensión“.
Inmediatamente Camino me interrumpe. Me dice que tengo que tener mucho cuidado con las palabras. Debo decir mejor “Cuando la mente se acelera“, “El cuerpo se pone en tensión“. Si lo hacemos así, totalmente conscientes de que nosotros no somos nuestra mente, de que no somos nuestro cuerpo… la sanación está ya casi conseguida. Desde nuestra parte inmutable, donde no existe otra cosa que paz y vida, podemos llevar con amor a ese cuerpo o a esa mente lo que necesite. No lo podremos hacer si nos creemos ese cuerpo o esa mente.
Es de vital importancia el cultivar la identificación con nuestra parte más elevada, sin menospreciar a ninguna de nuestras partes pequeñas. El cuerpo es nuestro vehículo de expresión en este plano y hay que cuidarlo, escucharlo, tratarlo con respeto y amor. El ego es nuestro “ordenador personal” de este plano, lleno de programas diseñados para la supervivencia. Mucha gente espiritual siente poco menos que aversión por el ego. Cuando el problema no es que tengamos un ego o una personalidad, sino que nos identifiquemos con el. El ego está bien para aquellas tareas mundanas donde se desempeña adecuadamente y es imprescindible mientras transitemos en este plano. El problema es cuando le dejamos la responsabilidad de dirigir nuestra vida. Como dijo Jesucristo: “Darle al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios“.
Lo más paradójico de esta aversión hacia el ego que se da en muchos círculos espirituales es que su origen está precisamente en el propio ego. Es el ego el que se resiste a “la idea del ego”, es un programa más. El Yo superior no se resiste a nada, no siente aversión por nada y para el todo es perfecto.
En resumen, para cultivar la identificación con nuestro Ser, cuidar las palabras cuando hablamos de nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestro personaje. Denotar claramente que es una parte, que no somos nosotros. Y tratar a todas nuestras partes con respeto y amor, respetando su papel en esta experiencia maravillosa de aprendizaje que hemos venido a vivir en este plano.
Namasté!
Entiendo lo que dices…..hubo un tiempo en que me repetía constantemente,tengo un cuerpo pero yo no soy mi cuerpo,tengo una mente pero yo no soy mi mente,tengo sentimientos pero no soy mis sentimientos….esto me dio mucha paz y pasé de poner la atención en mis yoes pequeños para pasar a esa parte elevada que es sabia y amorosa.
Más tarde descubrí el secreto que se esconde en mi cuerpo,en cada célula,en el corazón….y de esto quiero escribir un post en mi blog en los proximos días…
Por cierto qué bonitas las dos ultimas meditaciones que has grabado Enrique:)realmente irradias paz y amor!Gracias!!
Gracias Silvy, seguro que es muy interesante lo que vas a escribir en tu blog. Estaré pendiente.
Aunque en este post no lo menciono, el trabajo con las células lo considero de vital importancia. Las células son seres conscientes, que se unen para formar nuestro cuerpo y crecer con nosotros en esta aventura apasionante. El dirigirse a ellas, aunar sus voluntades, enviarlas luz y amor, multiplica la potencia de nuestra energía. El poner de acuerdo a trillones de pequeñas voluntades, para que se sumen a un propósito común, a una intención común, es pura magia.