La esencia del Bhagavad Gita, la clave principal, es la retrospección: Cada día asistimos a una batalla dentro de nosotros, las tendencias no espirituales (Kurus) se enfrentan a los aspectos elevantes de la naturaleza humana (Pandus).
En el fragor de la batalla, generalmente no hay lugar al discernimiento, actuamos movidos por nuestros condicionamientos pasados. Es solo después de que la batalla ha finalizado que hay lugar para la reflexión. En esos momentos podemos ver cuál de los dos bandos ganó la batalla ese día.
Esta tarea de retrospección es muy importante hacerla al final de cada día. Muchas corrientes espirituales, la contemplan. Los rosacruces, por ejemplo, consideran esta práctica cada noche la más importante de todas.
Algunos de nosotros tenemos tendencia a juzgarnos duramente aquellos días en los que las tendencias más bajas ganaron la batalla. Y esto es un error, no nos aporta nada en absoluto. Es importante cambiar ese tipo de pensamientos por otro del estilo: ”Hoy no lo conseguí, pero lo voy a conseguir” y con ese propósito, no importa las veces que fallemos, llegará el día en que ese aspecto estará superado.
Nunca tiremos la toalla, nunca nos demos por vencidos ni nos juzguemos por no haberlo conseguido. En este mundo dual, nuestro trabajo es precisamente el ir depurando cada uno de esos Kurus y es nuestra persistencia lo que nos permitirá avanzar y nos hará cada día un poco mejores.
Nayaswami Kriyananda, un destacado discípulo de Paramahansa Yogananda, explica muy bien este concepto en el siguiente video: